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Anestesia para cistotomía en la rutina veterinaria

La cistotomía es un procedimiento extremadamente frecuente en la rutina anestésica veterinaria, realizado principalmente para la extracción de urolitos y cálculos urinarios, aunque también puede estar indicada en biopsias y extirpación de neoplasias vesicales.

La cistotomía es un procedimiento extremadamente frecuente en la rutina anestésica veterinaria, realizado principalmente para la extracción de urolitos y cálculos urinarios, aunque también puede estar indicada en biopsias y extirpación de neoplasias vesicales.

Estímulo álgico y dolor prequirúrgico

Desde el punto de vista anestésico, se trata de una cirugía que, en general, no presenta un estímulo álgico transoperatorio tan intenso como muchos imaginan. Esto no significa que el procedimiento no provoque dolor o molestia, sino que, muchas veces, el principal componente doloroso está relacionado al estado clínico en el que el paciente ya se encuentra antes incluso de la cirugía.

Pacientes con irritación de las vías urinarias, disuria, hematuria y estranguria frecuentemente llegan al procedimiento ya presentando dolor importante debido al intento constante de micción, a la expulsión de los cálculos y a la propia irritación vesical. Esto ocurre porque las vísceras tienden a ser más sensibles a la distensión y a la irritación química que propiamente a la sección quirúrgica.

Anestesia general con analgesia intravenosa

En la práctica clínica, el abordaje anestésico puede realizarse de diferentes formas. Una de las opciones es la anestesia general asociada a una analgesia intravenosa relativamente simple, utilizando opioides como remifentanilo o fentanilo, además de la administración de opioides en la medicación preanestésica. Incluso sin el uso frecuente de adyuvantes analgésicos en infusión continua, como lidocaína o ketamina, muchos pacientes presentan buen control del dolor en el trans y posoperatorio.

Posoperatorio inmediato

Al final de la cirugía, es común utilizar opioides de acción más prolongada para el posoperatorio inmediato, como metadona o morfina. En algunos casos, pueden utilizarse fármacos como tramadol, butorfanol o buprenorfina, aunque la preferencia frecuentemente recae sobre agonistas puros asociados a la dipirona y a los antiinflamatorios no esteroideos, siempre considerando la función renal del paciente.

Anestesia epidural asociada a la anestesia general

Otra técnica ampliamente utilizada es la anestesia epidural asociada a la anestesia general. En estos casos, se suele trabajar principalmente con bupivacaína asociada a la morfina, buscando una analgesia residual prolongada, que puede durar entre 12 y 24 horas. Normalmente se utilizan concentraciones menores de bupivacaína para evitar bloqueo motor posoperatorio excesivo.

Como la vejiga está localizada en el abdomen caudal, generalmente no hay necesidad de grandes volúmenes epidurales, siendo común utilizar hasta 0,2 ml/kg. Aunque los opioides pueden promover retención urinaria, esto no siempre representa un problema clínico importante, principalmente en pacientes sondados en el posoperatorio. Sin embargo, la asociación entre atropina y opioides agonistas puros puede aumentar significativamente el riesgo de retención urinaria.

Monitorización posoperatoria

En el posoperatorio, es fundamental monitorear la distensión vesical y evaluar si el paciente presenta micción adecuada. En casos de dificultad urinaria, puede ser necesario un sondaje de alivio, especialmente en animales que ya presentaban irritación importante del tracto urinario antes de la cirugía.

Consideraciones finales

De manera general, tanto la anestesia general asociada a la analgesia intravenosa como la asociación entre anestesia general y epidural pueden proporcionar excelente control analgésico para la cistotomía. Muchas veces, un abordaje simple, bien ejecutado e individualizado para el paciente es suficiente para obtener buenos resultados anestésicos y posoperatorios.

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